Estás aquí
Inicio > Personajes > Viejo Lázaro… milagroso San Lázaro

Viejo Lázaro… milagroso San Lázaro

Quizás alguno, por el título del artículo -estribillo de una movida canción salsera interpretada por la Orquesta Dan Den en la década de los noventas del pasado siglo-, haya adivinado  que me voy a referir  a una de las imágenes de la religión católica más queridas  y que más fervor despierta en la población cubana.  
La respuesta es sí.  Se acerca el 17 de diciembre, fecha que está ligada en Cuba  a la celebración del Día de San Lázaro, el Santo de los pobres y desposeídos.

San Lázaro tiene su santuario en el pueblo del Rincón, 17 kilómetros al sur de la ciudad de La Habana. Es un conjunto arquitectónico  que incluye también un hospital dermatológico que tiempos atrás era un leprosorio atendido por monjas católicas. 

Alrededor de esta fecha, muchos de los habitantes de la capital y de otros pueblos cercanos, organizan peregrinaciones hasta el lugar para visitar el Santo milagroso.

Quizás sea la mayor peregrinación religiosa que se efectúe en Cuba, que iguala o quizás  supera  por su fervor a la de la Virgen de la Caridad del Cobre, alrededor del 8 de septiembre en dicho poblado de Santiago de Cuba.

Los peregrinos llegan al Rincón de disímiles maneras. Unos viajan regularmente en ómnibus u otros medios  de transporte; hay quienes deciden vencer los 17 kilómetros que los  separan de la capital caminando en la fría noche de diciembre, acompañados de familiares o amigos, como  manifestación  de sacrificio o sufrimiento para ofrendar al Santo.  

Otros, los pagadores de promesas, son los casos más extremos. Estos, colmados de una fe religiosa que a veces linda con el fanatismo, se desplazan de las formas más inverosímiles.  Hay quien lleva una especie de grillete en el tobillo con una cadena, a la cual afianza una pesada piedra, o un trozo de metal.  Avanza con dificultad durante horas y horas hasta llegar al santuario  casi desfallecido debido al esfuerzo.

Otro cubre el trayecto arrastrándose, caminando de rodillas o dando vueltas sobre el pavimento. Este,  a duras penas puede cumplir sus promesas y se le ve llegar en un estado deplorable, sudoroso, cansado,  luciendo llagas en la piel provocadas por el constante roce con el pavimento, que no tienen nada que envidiar a las del  Santo que venera.

No dejan de asistir cojos,  ciegos, jorobados, menesterosos, todos  pidiendo limosnas. Es la noche para compartir lo mucho y lo poco.  Muchos visten tejidos de saco de yute y no he encontrado la razón para el uso de este hábito.  Otros, la mayoría, visten una prenda morada que dicen es el color del santo y cargan con ramos de girasoles que depositan en la capilla donde se hace lugar.

La peregrinación alcanza su momento más álgido la víspera del día 17. Las autoridades se ven compulsadas a tomar medidas extraordinarias para facilitar la fluidez del acceso al lugar, aumentando  el servicio de transporte público y a su vez poniendo en práctica rígidos y justificados  controles de seguridad.
El santuario es un edificio  sencillo, el cual no dispone de espacio suficiente para acoger tan grande abarrotamiento de personas de una sola vez. Esto obliga a guardar una larga y compacta fila que se mueve lentamente  desde  varios  kilómetros antes de llegar a la capilla. 

Luego de muchas horas,  si las fuerzas y la fe aún acompañan a los peregrinos en su lenta caminata hasta el altar, podrán presentar las ofrendas  al santo, dedicarle una oración o encenderle una vela. Este acto se desarrollará con premura, sin ocasión para detenerse y  mucho menos para la meditación  envueltos  en la gran marea humana que lo copa todo.

Desde los pueblos cercanos también asisten muchas personas atravesando sinuosos caminos  para acortar la distancia. Como se trata de un movimiento masivo de personas y alrededor del santuario se levantan plantaciones de caña de azúcar, las autoridades toman medidas restrictivas para evitar el surgimiento de algún fuego  por negligencia de algún fumador.

Muchos creyentes  optan esa noche por organizar la velada del Santo en su casa. Lavan su imagen y la visten de limpio. Luego le presentan las consabidas ofrendas;  pedidos de deseos y compromisos de promesas.

Esa noche se fuma a lo grande: se encienden caros tabacos, se exhala el humo y seguidamente  de fumiga la imagen con el azuloso humo del tabaco, como un fervoroso acto de exorcismo para apartar cualquier malignidad lejos de Babalú Ayé.  Se bebe  ron o aguardiente y se come algún dulce. En los barrios marginales y en las ciudadelas de los barrios más humildes de la ciudad, negros, mulatos y blancos organizan toques de tambor y bailan los ritos de las religiones africanas igual que lo hacían, siglos atrás, los primeros negros esclavos llegados a esta isla.    

Unos, más devotos, no pegan un ojo durante toda la noche; otros, al filo de la madrugada han considerado que ya han cumplido con el santo y se recogen a sus casas. Al siguiente  día, cuando se supone  haya bajado la ola de creyentes en el Rincón, muchos salen en peregrinación hacia el santuario.  

En los días subsiguientes aún continúa la afluencia de peregrinos. Comienzan a arribar los del interior del país. A veces vienen desde lugares tan lejanos como Guantánamo o Santiago sin tomar en cuenta el sacrificio físico o el valor pecuniario. Todo lo justifica la posibilidad de manifestar la fe, al menos una vez en la vida,  ante la imagen venerada de su Santo de devoción.

He tratado de explicarme cuáles  son los resortes que mueven a las personas a profesar tanta devoción a una imagen inanimada de un santo, en un país donde casi la mitad de la población manifiesta ser no creyente,  y donde el Estado, siendo laico, no ha estado interesado en promover las enseñanzas religiosas en las escuelas.  Tampoco encuentro respuesta a la pregunta de  por qué es precisamente San Lázaro uno de los más venerados, habiendo muchos otros que tienen bellas hojas  de méritos y de milagros.

Es significativo que en la ajustada agenda de actividades del Papa Juan Pablo II durante su histórica visita a Cuba en 1998, además de visitar el santuario del Cobre donde vela  la imagen de la Patrona de Cuba, La Virgen de la Caridad,  no dejó de incluirse una  visita  y una misa   en el Santuario del Rincón.
Creo no estar lejos de la verdad si digo que la veneración actual a este Santo milagroso tiene mucho que ver con el sincretismo religioso en que ha convivido la nación cubana desde su fundación.

Los africanos llegados a Cuba en condición de esclavos  a partir del siglo XVI,  trajeron consigo sus hábitos, costumbres y también su fe religiosa. Al no encontrar dichas fe y creencias en el país de adopción, dominado por la espada y  la cruz del colonialismo español, se vieron forzados a adoptar como suyas las imágenes de la religión católica existentes.

No debemos olvidar que en un momento de nuestra historia, la población africana llegó a superar a la de los blancos en la isla. Es de suponer entonces que los hijos de los negros “de nación” nacidos en Cuba, o sea los negros cubanos, crecieron  adorando las imágenes que adoraban sus padres y abuelos.  
De tal forma, la Virgen de la Caridad del Cobre fue representada en sus ritos religiosos  por la deidad del  Panteón Yoruba,  Ochún; la Virgen Santa Bárbara pasó a ser  Changó; la Virgen de Regla fue asumida como Yemayá;  mientras que San Lázaro fue sincretizado en Babalú Ayé, por mencionar solo estas cuatro deidades.

Sea porque Babalú Ayé en las religiones africanas era un santo que llamaba a masiva devoción, o por otra razón que yo desconozco, lo cierto es que esa fuerza devota se ha ido enraizando en los cubanos de hoy,  yendo en  un aumento proporcional a la inevitable mezcla de razas y creencias.

Según datos del Centro de Estudios de Población y Desarrollo de la Oficina Nacional de Estadísticas e Información, la población cubana por color de la piel en el año 2002 era de: 65,0 % de blancos; 10,1% de negros;  24,9 % de mestizos. Para el año 2007 esa proporción cambió en las magnitudes siguientes: 64,7 % de blancos; 10,1% de negros; 25,2% de mestizos.

Por otra parte, tengo la impresión de que San Lázaro refleja la imagen más humilde del santoral católico. Un anciano descamisado, que muestra sus magras carnes y sus profundas llagas en las piernas, las cuales son lamidas por nobles  perros, no tiene mucho más que ofrecer a sus creyentes, sino lástima.   
No obstante, la sociedad cubana, tan necesitada de un aliento espiritual busca denodadamente la manera de vencer sus dificultades cotidianas y de remontar  vendavales y tormentas.  En ese afán se precisa de fuerzas que acompañen y fortalezcan el espíritu.

Es natural entonces que los más desposeídos, los que no han tenido nada y hoy se han convertido en parias; otros, a los que los avatares de la vida han despojado  de un  miembro o de un órgano importante del cuerpo; o aquellos que han sido conducidos a las adicciones y a la comisión de delitos y como resultado han visto menguada su aceptación social, se acerquen a él para beber de su fuente de resistencia;  para confesarle sus penas y angustias y para pedirle que  los ayude a encontrar el derrotero correcto.

Es de destacar la importancia que le confiere la Iglesia católica a la peregrinación. En la tarde del día 17, se lleva a cabo una homilía que siempre está a cargo de una importante autoridad eclesiástica de la isla.

No debo dejar de mencionar  que en toda esta barahúnda de personas moviéndose  guiados por su religiosidad espiritual, hay  también espacio  para los buscavidas que  instalan una larga feria a lo largo de los recorridos donde se compra y se vende de todo: imágenes  del santo, unas de metal; otras de madera con un acabado artístico aceptable;  otras fundidas en yeso como se vendían un siglo atrás. También se venden  girasoles –la flor del santo- , velas,  comidas  y bebidas, y a la vez se ofrecen distintos servicios a los viandantes.

La peregrinación de San Lázaro, como ya he dicho, ha tomado un auge inesperado en nuestra sociedad y es de aplaudir que un pueblo tan descreído comience a pensar en la fe y en el espíritu como elementos imprescindibles de nuestra esforzada vida.

Este año,  está por concluir la peregrinación de la Virgen de la Caridad del Cobre por todo el país, como inicio de la conmemoración de los cuatrocientos  años de su aparición,  la cual se festejará el próximo año con la anunciada visita del Papa. En dicha peregrinación ha recorrido cerca de 28 mil kilómetros, visitando desde pueblos perdidos de la ínsula hasta la Plaza de la Revolución.

Este hecho ha significado el renacimiento de la fe popular y de la espiritualidad del cubano  perdida hace años.  He sido testigo del fervor conque los cubanos de todas las razas, sexos, y edades han asistido a los templos a visitar a la Santa,  o simplemente se han estacionado durante horas en una acera para saludarla a su paso,  convocados solo por su fe y su amor a la Virgen Mambisa.

Soy de los que piensan  que todo lo que ayude a sobrellevar las penurias y amarguras de nuestro  quehacer cotidiano;  a unirnos alrededor de un pensamiento positivo de fe y de esperanza, va en buen camino y  tendrá que ser  inobjetablemente  reconocido como un acto de bienaventuranza.

Deja un comentario

Top