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Varadero Beach

Es la playa preferida por los cubanos, incluso cuando es muy probable que millones de ellos no hayan tenido la posibilidad de visitarla en el transcurso de sus vidas. No obstante, la consideran como suya. Varadero viene  a ser  un tío rico que vive en el extranjero,  por lo tanto,  muy lejano y del cual escuchamos hablar desde la niñez. El cubano, que por naturaleza es  demasiado exagerado en sus valoraciones, la considera la mejor playa del mundo. En honor a la verdad, ese criterio es compartido también por numerosos turistas extranjeros que la han visitado.

Varadero Cuba, vista aérea
Varadero Cuba, vista aérea

Siendo un cubano no tan apasionado en sus valoraciones y habiendo visitado otras playas en el extranjero, pienso que es una playa excelente.

En numerosos programas de  televisoras  extranjeras  han mostrado una especie de top ten de las mejores playas del mundo. Varadero no ha aparecido. El no verla reflejada en la lista me ha dejado cierto resquemor. Y es que en Varadero se conjuga una mezcla de factores topográficos, de temperatura ambiente,  de contrastes de colores de sus aguas, las cuales  rompen espumosas en una duna de arena fina y blanca como el marfil, que la hacen inigualable.

La playa de Varadero está situada en la Península de Hicacos, que constituye una larga y estrecha lengua de territorio, que como filosa daga,  penetra en las aguas del Estrecho de la Florida. Se encuentra al norte de la provincia de Matanzas en el occidente de la isla de Cuba y tiene más de 20 kilómetros de longitud. La costa norte de la península es la que constituye la playa, mientras la sur está cubierta de pequeños arrecifes y de vegetación costera.

Mapa Varadero
Mapa Varadero

La Playa de Varadero comenzó  a conocerse como tal en los lejanos inicios del siglo pasado. Era entonces un humilde pueblucho de pescadores y su nombre proviene precisamente de poseer un varadero donde se reparaban,  en tierra, las embarcaciones. En aquella época veraneaban en Varadero  las familias de las cercanías: Cárdenas en primer lugar y Matanzas.

Los veraneantes de Matanzas al no existir entonces vías de comunicación directas,  vencían los más de treinta kilómetros que los separa de la playa  navegando  cercano a la costa.

La reconocida escritora cubana René Méndez Capote en su libro “Historia de una Cubanita que Nació con el Siglo” relata los pormenores de la estancia veraniega  de su familia en Varadero y las vicisitudes que había que vencer para llegar.

En la primera mitad del siglo XX, la playa de Varadero continuó ganando popularidad y fue descubierta poco a poco por la burguesía más pudiente de la capital, así como por turistas norteamericanos, muchos de los cuales establecían residencia casi permanente en la hermosa playa. Todavía existen  algunos caserones de madera de estilo Cayo Hueso, que como mudos testigos de una época pasada, desafían el tiempo cargando sus desvencijadas estructuras.

Durante las décadas del cuarenta y cincuenta del pasado siglo, Varadero alcanzó su mayor auge. Principalmente a partir de 1950 con la construcción del puente Antonio Guiteras      sobre el río Canímar, durante el gobierno de Carlos Prío Socarrás. Este hecho redujo considerablemente la distancia entre la ciudad de Matanzas y Varadero, creando una vía expedita para la transportación de pasajeros y cargas. Se construyeron hoteles, hermosas residencias y se habilitaron servicios para veraneantes exclusivos: los millonarios cubanos y norteamericanos.

Un norteamericano miembro de la exclusiva familia DuPont, grandes magnates multimillonarios de la primera mitad del siglo XX, construyó una hermosa residencia sobre un promontorio de rocas.  Allí veraneaba él y sus amigos venidos en sus yates privados desde Cayo Hueso. También invitaba a nativos que él consideraba exclusivos. La Mansión, devenida restaurante  después del triunfo de la Revolución, muestra testimonios fotográficos de estos sucesos.

En los inicios del triunfo revolucionario la playa de Varadero  entró a la historia de Cuba al convertirse en centro de organización de la campaña de alfabetización. Allí se impartieron seminarios  y se instruyó a los bisoños maestros en técnicas de enseñanza para luego viajar a los campos y montañas a alfabetizar a los campesinos.

A  finales de la década de los sesenta, se habían llevado a cabo estudios de prospección geológica en la zona en busca de petróleo. Todos los modelos apuntaban a la existencia de grandes yacimientos de hidrocarburos.

Sobre la mesa de la dirección del país descansaban dos alternativas  contrapuestas:  Olvidarnos de la hermosa playa y sembrar  la costa de torres de extracción de petróleo, y supuestamente, garantizar una parte importante de las necesidades de hidrocarburos del país, o desistir de tal aventura y preservar aquel paraíso intacto, destinado al recreo y esparcimiento de naturales y extranjeros. Por suerte  para todos  prevaleció el sentido común y triunfó la segunda opción.

Hoy en día aún se mantienen algunas torres en lugares estratégicos, alejadas de la costa, camufladas a la mirada de turistas curiosos. En noches de poca brisa se esparce sobre la playa un olor penetrante y desagradable de gases  sulfurosos que se escapan  a la atmósfera desde  los pozos de petróleo, que aunque alejados, nos hacen recordar  que existe un peligro potencial de contaminación.

Si tuviera poder de decisión sobre el asunto, hubiera ordenado hace tiempo el desmantelamiento de esas estructuras  que no tienen nada que hacer en aquel bello lugar.

En el año setenta tuvo lugar en Varadero el Festival de la Canción. La iniciativa perseguía el propósito de crear un festival internacional con periodicidad anual al que asistieran  artistas cubanos y extranjeros y, de tal forma,  promover el turismo. Fue un gran festival al que asistieron renombrados artistas extranjeros  y otros que no los conocían  ni en sus países y que a partir de dicho evento,  hicieron carrera en hispano américa. Al parecer la idea no gustó y en lo adelante el festival se repitió en otra ocasión aunque no con el mismo éxito del primero.

Luego,  en el trascurso de varias décadas Varadero  quedó colgado en el tiempo. Cuba no fomentaba el turismo y el deterioro y la falta de mantenimiento prendió en gran parte de las estructuras de las instalaciones. El límite de urbanización  se mantenía en la Casa Dupont, o Restaurante  “Las Américas”,  como se rebautizó después del triunfo de la Revolución,

Desde allí hasta el final de la península,  se extienden 17 kilómetros de playa, que en los años ochenta estaban cubiertos de exuberante vegetación que mantenían el  territorio  semivirgen.

Un testimonio de lo expresado anteriormente es el siguiente relato.

Un  fin de semana  de mediados de los ochenta, decidimos irnos de campismo un grupo de amigos. Tomamos tiendas de campaña y las armamos entre los mangles y uvas caletas  de la costa, a escasos doscientos metros de la famosa casa DuPont. Todo transcurría como era de esperar en una playa de tales características en un mes de julio. Sin embargo, al caer la tarde la cosa empezó a complicarse con la llegada de enjambres de mosquitos, que nos hacían la estancia imposible. Decidimos levantar campamento, o dicho con mejor propiedad: abandonar el campamento a toda carrera e irnos a dormir a la terraza del Restaurante. Allí pasamos la noche junto a  guardia fronteras que, de vez en vez, encendían un potente reflector y lo paseaban sobre las oscuras aguas de la playa  buscando presuntas salidas ilegales hacia La Florida o recalos de drogas. Un sereno del restaurante  nos ofreció a media noche una bandeja con trozos de langosta en salsa de piña que estaba estupenda.

Al amanecer decidimos regresar al campamento y cuál no sería nuestra sorpresa al divisar sobre la arena una camada de tortuguitas recién nacidas, las cuales se arrastraban presurosas por la arena en dirección al mar.  Nos detuvimos a jugar con los pequeños quelonios tratando de desviarles su ruta. El instinto natural siempre las orientaba hacia el mar. En aquel montecillo, en que habíamos acampado, había además lagartos,  jutías y decenas de aves exóticas.  Evidentemente, Varadero era entonces la antesala del Paraíso.

El hecho de habernos mantenido durante tanto tiempo sin emprender acciones constructivas  en la playa, en parte trajo un beneficio en el sentido que pudimos evitar los errores que habían cometido otros países  en  la explotación de playas. En los planes constructivos de hoteles y otras instalaciones se han respetado rigurosamente  los principios básicos de equilibrio de los ecosistemas.

No obstante,  Varadero no ha escapado a los fenómenos naturales que se suceden como resultado del calentamiento global y  otros eventos meteorológicos, los cuales traen como consecuencia la pérdida constante de grandes volúmenes de arena que es necesario  reponer a un alto costo.

Hoy en aquel mismo lugar donde acampabamos hace veinticinco años,  se levanta el Hotel Meliá “Las Américas”, majestuosa construcción que cubre cientos de hectáreas de terreno. A continuación, siguiendo la línea de la costa y hasta el final de la península, se han construido decenas de nuevos hoteles  con miles de habitaciones. Varadero posee un campo de  golf con dieciocho hoyos, delfinario, marinas, discotecas, restaurantes, centros comerciales,  un centro de convenciones, un moderno aeropuerto  y demás servicios que requieren los turistas. La mayoría de los nuevos hoteles construidos son de categoría de cuatro y cinco estrellas y su administración  es ejecutada por socios extranjeros.  Su modalidad de “todo incluido” le facilita al turista acceder a servicios pre pagados  de excelente calidad.

Dos años atrás los cubanos nativos no teníamos derecho a hospedarnos en hoteles. Con la eliminación de dicha restricción,  hoy los cubanos pudientes comparten de igual a igual con turistas foráneos.

Sin embargo,  esta posibilidad no está al alcance de todos. Muchos cubanos como yo optamos por rentar una casa o parte de ella a precios más asequibles. Debo decir que los ahorros de un año se destinan a este fin. Esto requiere de una logística y  aseguramiento de vitualla  realmente increíble  para poder garantizar cómodamente la estancia de  una o dos semanas  de descanso.  Es el momento propicio también para  conseguir  algún pescado, langostas o camarones  tan frescos, que literalmente llegan coleando a la cocina.

Una tradición de Varadero,  desconocida para mí hasta el presente año, y que me ha sorprendido por su espontaneidad, masividad  y grado de veneración, es el velatorio de la Virgen de Regla,  o Yemayá  en los ritos religiosos yorubá.

La Virgen  de Regla es la diosa de los mares y vela por la vida y suerte de sus hijos los pescadores.

El velatorio se sucede la víspera del día siete de septiembre. Los habitantes de Varadero, salen en procesión de familia a media noche rumbo a  la playa. Portan velas encendidas que luego depositan en una especie de refugio que construyen en la arena, junto a la imagen en cartón o yeso de la virgen. Luego se  sientan alrededor del lugar y rezan, hacen alabanzas e invocaciones. Como despedida, después  de varias horas,  se introducen en el agua llevando ofrendas de flores, dulces y caramelos.

En sus invocaciones y oraciones ruegan a la virgen por su salud o la de sus familiares y le piden les conceda deseos aun irrealizables.

En realidad yo no tomo muy en serio los asuntos relacionados con la religión. Tampoco soy un ateo confeso y no reniego de quienes con gran fe y sacrificio dedican su vida a servir al prójimo en nombre de una fe religiosa.  No debo negar mis enseñanzas religiosas de los primeros años de la infancia consciente, cuando una monja, que fungía como maestra, a la vez que me enseñaba a leer y a conocer los rudimentos básicos de las ciencias,  me enseñaba el catecismo, los sacramentos  y las primeras herramientas para la toma de la Comunión.

No obstante, de adulto he mantenido una posición más pragmática y materialista en el análisis de los fenómenos que se suceden,  y no he tenido que refugiarme en la religión para lograr mi realización espiritual.

Sin embargo,  valoro profundamente la labor pastoral de muchos sacerdotes, que en lugares alejados de la geografía se ocupan de los desposeídos, promoviendo campañas sociales  por cuya ejecución deberían responder los gobiernos de los países. De la misma manera repruebo con todas mis fuerzas  la actitud de algunos sacerdotes que defraudan la confianza que en ellos han depositado sus fieles,  y  se convierten en violadores y extorsionistas, sobre todo si  se trata de niños y jóvenes.

Volviendo a la velada de la virgen… Esa noche decidimos unirnos a los vecinos de Varadero y experimentar tal ceremonia. Habíamos celebrado un cumpleaños y yo me había dado unos lamparazos de  un whisky de marca desconocida, por lo que a la hora de la procesión ya estaba listo para la fiesta. Comparto plenamente lo que dice el habla popular: “el borracho lo que pierde es la vergüenza”.

Quedé sorprendido del número de personas que asistían,  entre ellos muchos turistas extranjeros. Se veía en la oscuridad de la playa, prácticamente cada diez pasos, un  promontorio con el resplandor de las velas encendidas, y a su alrededor grupos nutridos de personas en silencio. Nada de fiesta y sí  mucha veneración.

Encontrándome en medio de aquella atmósfera de recogimiento espiritual, que para mí no tenía ningún sentido, me vinieron a la mente los cantos y ritos religiosos católicos de mi infancia y como todo un sacerdote en la misa del Angelus, con voz engolada y las palmas de las manos encontradas a la altura del pecho, comencé a rezar  mientras me movía alrededor de nuestra “trinchera”.

De inmediato me percaté del error cometido. Todas las personas  cercanas a mí, como siguiendo una orden suprema,  se pusieron de rodillas sobre la arena y con gran devoción y fervor me siguieron en mis rezos. No tuve otra opción que continuar la “actuación” hasta el final: rogué a la virgen  por los desafortunados, los enfermos, los desposeídos  y por todos los que necesitaban ayuda. También pedí por el bienestar de todos los presentes. Fue una acción tonta y sin sentido de mi parte, de la cual me sentí avergonzado,  no obstante,  aquellas personas,  pienso, salieron  esa noche más reconfortadas espiritualmente.

4 thoughts on “Varadero Beach

  1. Esta muy bueno el escrito sobre varadero. Es verdad que es una playa hermosa.para el cubano del campo como yo. Pareces q estas en otro mundo. Y no t sientas avergonzado por la misa que distes en la arena. Aquella noche. Pues yo estuve presente y me fui esa noche para la casa mas fuerte espiritualmente. Gracias por hacer a mi familia tan feliz. Fueron dias inolvidables. Saludos digno.

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