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Año nuevo en Cuba

Año Nuevo en Cuba

Año nuevo en Cuba, ¿vida igual?

Dentro de pocos días La Habana, al igual que el resto del mundo, celebrará la llegada de un nuevo año. En esta ocasión la celebración tendrá una connotación muy especial en nuestro país, porque conjuntamente con esta fiesta cubana, viene aparejado el sesenta aniversario del triunfo de La Revolución.

Desafortunadamente, las cosas parecen no ir del todo bien, o al menos como se esperaba. Un ejemplo de lo expresado fue el sabor amargo dejado en la población por las sesiones de trabajo de la Asamblea Nacional del Poder Popular, máximo órgano legislativo del país, reunida hace una semana para analizar el desarrollo económico y social del país en el año 2018, y aprobar el presupuesto y las proyecciones de trabajo para el 2019.

Industrias básicas como la azucarera y el turismo no llegaron a cumplir sus planes y el producto interno bruto apenas se movió en el rango de una décima. Esto tendría menos importancia si dejáramos de tener en cuenta el daño causado por la cancelación del programa “Más Médicos” por parte del nuevo presidente de Brasil, Jair Bolzonaro, y la falta de compensación monetaria de Venezuela por servicios prestados.

Cambios en Cuba

Miguel Díaz-Canel Bermúdez, Presidente del Consejo de Estado, expresó que la tarea fundamental del país es la batalla económica, como si fuera la primera vez que se escuchara esa convocatoria. No obstante, algo novedoso en su discurso fue reconocer por su nombre el fenómeno de la corrupción y el robo entre funcionarios y empleados al referirse, específicamente, a la industria de materiales de construcción.

Si su promesa de construir viviendas por decenas de miles y resolver el déficit habitacional del país en los próximos diez años, pudo ser tomada con cierto recelo por los cubanos, habida cuenta de promesas anteriores incumplidas, hay otras calamidades a las que se enfrentan los cubanos a diario, a finales del año 2018, como lo son la falta de harina de trigo, pan, huevos, aceite, pollo en la red de mercados paralelos. A esto se une la elevación del precio de los vegetales y de la carne de cerdo, componentes básicos para la cena de fin de año, y los deprimidos salarios que apenas alcanzan para lo elemental.

Desde luego, la sociedad cubana hace tiempo dejó de ser homogénea y muchas personas tuvieron la suerte de salirse del manto del supuesto igualitarismo con el que pretendieron cobijarnos, y se acogieron a las condiciones establecidas para ejercer el trabajo por cuenta propia, “cuentapropismo,” y hoy disfrutan de una vida económicamente holgada con niveles de vida inimaginables años atrás, lo que les permite viajar y conocer otros horizontes.

Otros, hacen buen uso del levantamiento de las medidas restrictivas para viajar y visitan países que no exigen a los cubanos visa de entrada, y luego regresan, como mercaderes modernos, cargados de todo género de cosas que comercializan entre sus compatriotas del patio y logran con ello algún rédito positivo.

Estos cubanos, unidos a artistas, deportistas de alto rendimiento y otros de la elite del poder recibirán el año nuevo sin sobresaltos, asistiendo a las ofertas de Mintur, en hoteles de lujo con las estrellas del mundo artístico, o viajando al extranjero. Son dos realidades totalmente opuestas, sin ningún hilo de conexión entre ellas.

No obstante, lo único que no se le ha podido castrar al cubano es su alegría natural, su optimismo y sus ansias de tener un futuro mejor. Por ello, en año nuevo en Cuba, a falta de cena privada, conformarán cenas colectivas entre vecinos, llevando cada lo que tiene: una cazuela con pollo o carne de cerdo, una fuente de yuca con mojo, algunos tamales, un postre casero o unos deliciosos buñuelos bañados con un sirope espectacular.

En muchos pueblos del interior se sigue la tradición de quemar el año viejo en una plaza pública, lanzar un balde de agua o romper un coco contra el suelo para que se vayan las cosas malas.

También hay cubanos, que con un toque de humor y mucha fe, dan la vuelta a la manzana con una maleta de ropas para que se le conceda la ansiada visa para viajar al extranjero. Son costumbres y tradiciones imposibles de borrar. Luego se bailara en la madrugada al ritmo de la música de moda y se tomara el ron cubano. Alguno no podrá llegar a casa y amanecerá en un banco de un parque.

Pasado el jolgorio de fin de año todo volverá a su normalidad, a luchar por la supervivencia diaria.

Ahora bien, aquellos extranjeros que han decidido recibir el año nuevo en nuestro país, les garantizo que no saldrán defraudados. Los cubanos, con su carácter alegre y hospitalario sabrán arroparlos en hoteles y hostales y disfrutaran de días inolvidables.

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