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Guantanamo Bay

Ubicación de la base en Cuba

 

Mucho se ha hablado de la Base Naval de Guantánamo  en los últimos tiempos a través de los medios.

Luego del ataque terrorista al World Trade Center de Nueva York en septiembre del 2001, y del inicio de la guerra  desquiciada  contra el terrorismo  desatada por los Estados Unidos en  Afganistán  en el 2002, los norteamericanos recurrieron al territorio de la base naval de Guantánamo para alojar allí a prisioneros de guerra,  presuntamente vinculados a la red terrorista  Al Qaeda; y lograr,  mediante métodos extremos de interrogación y el uso de la tortura física y sicológica, las confesiones necesarias.  Por supuesto,  el hecho de ser la base un territorio que no pertenece a los Estados Unidos, les permite  operar al margen del sistema jurídico establecido  en su territorio.

La base y los presos

Entonces el mundo empezó a conocer el  nombre de Guantánamo o Guitmo, – como le empezaron a llamar en la prensa norteamericana-  no por las denuncias y reclamaciones de devolución de soberanía sobre ese territorio,  presentadas reiteradamente por el gobierno de Cuba a lo largo de muchas décadas  ante organismos internacionales, ni por las denuncias reiteradas de asesinatos de soldados cubanos cometidos por los marines norteamericanos en el perímetro fronterizo, sino por los repetidos reportajes televisivos de la propia prensa norteamericana  que denunciaban las torturas y humillaciones a que eran sometidos los presuntos miembros de Al Qaeda en los campamentos Delta.

Pero antes de esa fecha, en el verano de 1994, La Base Naval de Guantánamo saltó a los cintillos de la prensa mundial relacionada con los acontecimientos de la crisis de los balseros.

balseros cubanos

En Cuba la crisis económicas había tocado fondo y muchas personas desesperadas, y no viendo la luz del túnel en perspectiva,  optaron por una opción heróica: abandonarlo todo, montarse en una precaria balsa, llevando lo que podía acomodarse en un metro cuadrado de superficie  y tratar de alcanzar las costas de la Florida a ciento cincuenta kilómetros de distancia, atravesando el Estrecho de la Florida, infestado de tiburones.

Y las autoridades cubanas, como que no miraban para el mar… En pocos días se dio la avalancha de personas construyendo sus artefactos en la propia costa con la supervisión policial. Son paradojas de nuestra realidad.

Esta maniobra tomó desprevenido al gobierno norte americano que con urgencia estableció los controles necesarios para detener la noria primero,  y luego reorientarla hacia la Base de Guantánamo. A  la carrera se alzaron tiendas de campaña de lona en un descampado de la base para alojar a las decenas de miles de balseros que recogían los guardacostas.

La historia de estos desafortunados balseros es digna de ser recogida en un libro voluminoso.

Fue muy triste para muchos de ellos la estancia en la base. La mayoría permaneció por meses y años allí hasta ser reubicados en terceros países, otros no pudieron soportar la frustración y  humillación a que estaban sometidos en el régimen cuasi carcelario del campamento y optaron por regresar al territorio de su país atravesando cercas perimetrales y campos minados. Hubo quienes dejaron la vida en el intento, otros con más suerte, lograron alcanzar el territorio nacional auxiliados a veces de los zapadores de la Brigada.

enmienda platt

Habría que hojear hacia atrás el libro de la historia  para  saber con exactitud cuándo fue que comenzaron todos estos males.  A principios del siglo XX,  parte del territorio que ocupa la Bahía de Guantánamo en el sureste del territorio oriental de la isla, cuyas condiciones naturales  hacen que clasifique entre las mejores bahías de Cuba, fue arrendado al gobierno de los Estados Unidos de América a la sombra de las intervenciones militares norteamericanas y la imposición de la humillante Enmienda Platt.  En una de las cláusulas del tratado se estipula que cuando una de las partes decida rescindir el contrato, este quedará sin efecto automáticamente. Letra realmente muerta ante la realidad.

Ha transcurrido más de un siglo desde entonces y la presencia de los marines norteamericanos en Guantánamo no ha constituido ninguna página de gloria para nuestra historia. Por el contrario, hay experiencias muy nefastas de su presencia no solo en Guantánamo, sino en cualquier parte  de nuestro territorio en que han recalado.

El tema de la presencia norteamericana en Guantánamo, considero debe analizarse al margen de cualquier apasionamiento ideológico, odios o diferencias de enfoques políticos. Se trata simplemente de un problema de respeto de la soberanía del pueblo cubano, independientemente de las consideraciones políticas que sobre el desempeño del gobierno cubano tenga la Casa Blanca y el Departamento de Estado.

En el ámbito interno, ha sido tan fuerte el barraje propagandístico oficial, desplegado durante décadas, sobre la presencia de los marines norteamericanos en Guantánamo, que muchos nos hemos creado la imagen de que en ese lugar se vive una situación de crispación y de histeria guerrerista,  similar a la que viven los soldados de Corea del Norte y de Estados Unidos en Pamnuenjeom.

Lo que a continuación relato corrobora el beneficio que produce palpar la realidad y verla con ojos propios, para que nuestras conclusiones estén más pegadas a la verdad objetiva.

Hace algunos años, junto a un grupo de funcionarios del gobierno, visité la provincia de Guantánamo. Como nuestra estancia allí se prolongaba más de lo previsto y teníamos un fin de semana libre, las autoridades nos propusieron visitar Caimanera, que es el municipio de  la provincia que colinda con las aguas de la bahía. Todos nos alegramos de la invitación. Yo deseaba curiosear en un territorio cuya visita está restringida y así respirar la atmósfera de un lugar tan sensible militarmente, y del que tanto había escuchado hablar desde niño.

El sábado en la mañana partimos en dos vehículos hacia nuestro destino. La carretera que conduce a Caimanera está desolada, no transitan ni autos, ni motos, ni personas a pie o a caballo. Al contrario del resto del país, no hay fincas ni viviendas a la orilla de la carretera. Todo es desolación. Caimanera es un municipio pequeño, quizás de diez mil habitantes, los cuales están concentrados en el pueblo.

A medida que avanzábamos, el olor a salitre nos alertaba de la cercanía de la bahía. La vegetación a ambos lados de la vía es la propia de las costas de Cuba, tupida de arbustos espinosos y de manigua de costa. De pronto, a la derecha de la vía, apareció una inmensa cerca de alambres de púas  que marcaba el inicio de la zona militar. En lo adelante, empezaron a aparecer carteles en rojo brillante indicando la zona militar, en español e inglés, así como la prohibición de traspasar la cerca o usar cámaras de video o fotografía.

A la izquierda antes de llegar a la entrada del pueblo aparecieron las instalaciones de una salina con estanques de agua de mar y  equipos herrumbrosos de bombeo de agua y de labores de  extracción  y refinación de la sal.

Ya a la entrada nos detuvo una barrera de metal pintada en franjas negras y blancas y una caseta de la policía militar. Uno de los funcionarios de la provincia que nos acompañaba  previamente había recogido nuestros documentos de identidad y se los entregó al policía. Como que la visita había sido coordinada con antelación, el trámite fue expedito.

En la oficina municipal del ministerio, nos recibieron con gran amabilidad y calor humano, nada extraño entre los habitantes de la región más oriental del país. Con mucha humildad y apenados nos ofrecieron de almuerzo lo que tenían: una inmensa fuente de biajaibas fritas. No podían imaginar que aquel plato para nosotros constituía una ofrenda a los Dioses del Olimpo. Tales son las paradojas de nuestras vidas.

Después del almuerzo caminamos por las calles del pueblucho, un caserío marino detenido en el tiempo. Nada indica progreso, desarrollo…  No puede desarrollase el turismo por razones obvias. Solo la salina brinda posibilidades de trabajo, el cual es rudo, agotador y de pocos dividendos.

Muchos de sus habitantes, los ancianos por supuesto, recuerdan lo que fue Caimanera antes del triunfo de la Revolución. Unos con añoranza, otros con desprecio. No me puedo imaginar un fin de semana –o “franco”, que es como se le conocía-, cuando llegaban las barcazas desde la base, cargadas de jóvenes soldados desesperados por desahogar sus calenturas sexuales en la  “zona de tolerancia” y después, ebrios de sexo y alcohol, vandalizar el pueblecito. Baste señalar que en una reducida extensión de terreno, que ocupaba escasas cuadras, se alojaban 35 burdeles y más de 500 prostitutas.

Unido a este alboroto carnal, el juego, las drogas, la corrupción y demás flagelos se adueñaban   del pequeño pueblecito. Hay que decir también que la base reportaba una importante fuente de trabajo, no solo para la gente de Caimanera, sino del resto del país. En un momento la base llegó a tener emplantillados a más de cinco mil trabajadores cubanos.

El pueblo además  cuenta con un pequeño hotel, el cual visitamos. Allí pudimos divisar con binoculares,  desde una atalaya, las instalaciones de la base.

A pesar de que pude ver perfectamente los edificios y hasta el movimiento de vehículos y personas por las carreteras, a una distancia de seis o siete kilómetros, no quedé totalmente satisfecho.

Luego de la despedida, nos enteramos que a continuación iríamos a otra instalación,  reservada para muy pocas personas, -diríamos un lugar VIP-  desde donde el panorama era mucho más visible.

Llegamos a la ciudad de Guantánamo y  nos dirigimos al Estado Mayor del ejército en busca de un coronel que nos acompañaría en el próximo recorrido.

Tomamos otra carretera, y después de recorrer unos treinta kilómetros nos salimos por una bifurcación a la derecha. Allí está instalado  un punto de control con una caseta de la policía militar similar a la de Caimanera. Luego de cumplir los trámites de rigor continuamos  por dicha carretera que a ambos lados se adentra en otro tipo de vegetación más tupida y diversa.  A ambos lados de la carretera la cerca nos indicaba que estábamos en zona militar.

En el terreno de nadie entre  las dos cercas, observamos con curiosidad diferentes animales exóticos y salvajes, entre ellos: venados, puercos jíbaros, grandes lagartos y hasta burros, los cuales viven como en una reserva, sin ser molestados.

Habríamos recorrido unos quince kilómetros cuando el carro se detuvo, luego de una espera de unos minutos por alguien que vendría del lugar hacia donde nos dirigíamos, continuamos el recorrido por un terraplén pedregoso hasta un lugar en que los vehículos no podían avanzar más.  Nos bajamos y continuamos a pie escalando una montaña de unos cuatrocientos metros de altura. Casi cuando estábamos a punto de pedir un descanso, ante nosotros surgió una inmensa casa colonial que probablemente perteneciera a un rico hacendado cafetalero en época de la  colonia. Ahora es un centro de mando de las tropas guarda fronteras. Allí había varios jóvenes soldados y oficiales que entrenaban o jugaban con inmensos perros pastores alemanes.

Acompañado de otro oficial del lugar seguimos escalando hasta llegar a un amplio túnel abierto en las entrañas de la montaña. En el centro de un salón bien iluminado y climatizado, una maqueta  de la bahía recoge todos los accidentes geográficos y las instalaciones de toda la bahía, incluyendo por supuesto,  las de la base militar.

Una explicación pormenorizada del oficial del lugar nos actualizó e iluminó sobre muchos aspectos. Armado de un puntero fue señalando sobre la superficie de acrílico cada una de las instalaciones. Nos informó que el área que ocupa la base, está situada a ambos lados de la entrada de la bahía y que su superficie total es de 117,6 km. cuadrados. Que posee cinco muelles que pueden alojar más de 40 buques, dos aeropuertos, 2000 viviendas, 397 casamatas o puestos de vigilancia, más de 6000 marines y otras fuerzas.

Me sorprendió escuchar de los labios del oficial que las relaciones de convivencia con vecinos tan conflictivos y belicosos son cordiales; que a partir de la década de los noventa cesaron las provocaciones;  que entre ambos mandos existen líneas permanentes de comunicación a través de teléfono y correo electrónico y que en cada ocasión que en la base se produce algún movimiento imprevisto de tropas o barcos, la parte norteamericana se lo comunica a la cubana.

Por último y como una curiosidad, nos contó que aún en la base trabajan cuatro cubanos, los cuales diariamente llegan desde la ciudad de Guantánamo en taxi por la puerta No. 1 y que en la tarde el mismo taxi los recoge. Son trabajadores de servicio a punto de jubilarse. Cobran su salario en USD y al jubilarse recibirán dicha jubilación en esa moneda al igual que otros beneficios previstos en estos casos.

Aunque los salarios, por la índole del trabajo que realizan no deben ser muy altos, según los estándares norteamericanos, en las condiciones de Cuba, en que el cambio es casi un dólar por veinticuatro pesos cubanos, con muchos servicios subvencionados por el estado, incluyendo educación y salud, un salario de cuatrocientos dólares es una fortuna.

Luego de la explicación extensa y detallada dada por el oficial y de responder las numerosas preguntas que le formulamos, algunas de ellas verdaderamente tontas, justificadas solo por el desconocimiento de los presentes de aquella realidad, este nos invitó a seguirlo a través de una escalera de concreto hasta llegar a la superficie.

Cuál no sería nuestra sorpresa al encontrarnos, de pronto, a nuestros pies, con una realidad sobre dimensionada que hacía solo uno minutos habíamos visto en la maqueta.

Estábamos parados sobre el monte Malone. Recuerdo el nombre por asociación con el de Sean Connery en la película “Los Intocables”.

La realidad obviamente era un millón de veces más rica que la fría maqueta. Se veía nítidamente la dinámica de la vida de la base. Inmensas instalaciones, almacenes, actividad febril en el puerto. Una micro ciudad norteamericana, con sus calles con semáforos, sus parques, escuelas, iglesias, hospitales, cines, restaurantes de comida rápida, estadio de pelota y de football etc.

Noté que en unas altas colinas, hacia el este, construían un parque eólico. Tan cerca está la base del Paso de los Vientos…

El oficial se lo conocía todo al detalle, incluso los nombres de los oficiales norteamericanos y donde vivía cada uno. Una buena labor de inteligencia… –pensé.

Nos mostró también los campamentos Delta, pegados a la costa hacia el este, apartados de todo, y de todos, como leprosos. Comentó que en ocasiones a algunos los dejan jugar football sobre la arena y después se les permite bañarse en la playa.

Entonces,  después de haber escuchado y haber vivido esta experiencia que les he contado, a qué conclusiones se puede arribar: ¿Se están convirtiendo en buenos los americanos de la base?;  ¿o siguen siendo los mismos HP de siempre pero quieren dejar buena impresión ante tantas denuncias por todas partes de lo que sucede en ese territorio?; ¿o en realidad han comprendido que le sale mejor una convivencia pacífica y sin altibajos con un enemigo tan intransigente como los cubanos que, dicho sea de paso, están jugando bajo protesta desde que comenzó este partido?.

Cualquier acción es aceptada siempre que contribuya a que haya un clima de paz en esa área y que un día, al fin, lleguen a comprender y reconocer que Cuba tiene derecho a la soberanía sobre ese segmento de territorio como lo tiene y ejerce sobre el resto del territorio nacional.

 

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