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Carreras de caballos en Cuba

Carreras de caballos en cuba

Carreras de caballos en Cuba , una realidad

Las carreras de caballos en Cuba datan de mucho tiempo antes de la Revolución Fidelista. Así como otros muchos juegos de apuestas y azar, las carreras de caballos en Cuba era de gran disfrute de toda la población, sobre todo la rural.

Muchos pudieran pensar que el diferendo político entre Cuba y los Estados Unidos ha permanecido inamovible a través de los años. Las cosas, obligadas por las circunstancias  y el peso de los años,  han ido cambiando esa realidad. Es cierto que aún permanece,  con la misma solidez del primer día,  un embargo económico  que prohíbe la mayoría de las transacciones comerciales de Cuba con los Estados Unidos en virtud del cual  se persigue a aquellas compañías que, ligadas de alguna manera a fabricaciones de origen norteamericano, se arriesguen a comerciar con Cuba.

Carreras de caballos en cuba
Carreras de caballos en cuba

El embargo económico o bloqueo como se le llama en Cuba,  también le ha servido en muchas ocasiones a la burocracia dirigente de la isla para esconder sus ineficiencias,  incapacidades o los desperfectos del sistema de gobierno.

Con el gobierno de Obama, aunque pálidas,  se han aprobado algunas medidas que  facilitan un mayor  acercamiento entre los cubanos de ambos lados del Estrecho  de la Florida. Se han levantado también las restricciones para los intercambios culturales y académicos  entre los dos países y muchos americanos nacidos en aquel país se las arreglan para hacer turismo en Cuba. Esta es una autopista de doble sentido, sin embargo, hasta ahora,  en lo que respecta a la cultura,  la senda más transitada  de este intercambio es la que se dirige de la Habana a Miami. La senda contraria, al parecer está poco transitada, quizás por el alto costo  del peaje político.

Hasta este momento del comentario, alguien con razón podrá preguntarse:   ¿y qué demonios tiene que  ver esta perorata con el caballo del americano…?  Entro de lleno en el asunto.

El pasado año conocí a un ciudadano norteamericano que, aunque hijo de cubanos, nació en Miami hace cuarenta años. Ha vivido toda su vida en ese país, ha asimilado, obviamente, la cultura anglosajona aunque no ha podido o no ha querido desprenderse de sus raíces cubanas, como la de las carreras de caballos en Cuba.

A través de los años,  he tenido numerosos contactos con cubano-americanos,  muchos de los cuales emigraron en décadas pasadas, otros,  de salida más reciente. Al entablar conversación con alguno de ellos, de inmediato resalta  en el habla la utilización de giros,  acento, anglicismos, o variantes del spanglish que los sitúa de inmediato en tiempo y  espacio sin tener que formular preguntas. Algunos, considero, actúan inconscientemente, otros lo hacen de una manera muy marcada, pretendiendo en su banalidad parecer más americanos que George Washington. Hay de todo en la viña del señor…

El americano del que les voy a contar no clasifica en ninguno de esos dos grupos. Podría pasar fácilmente por un habitante  de Cayo Hueso, no del  famoso cayo de la península de la Florida, sino del barrio homónimo del municipio de Centro Habana.

Claro está,  para que todas las cosas le fueran  de maravillas, y que nadie dudara de su autenticidad,  tendría que convivir unos meses con los “aseres”  y  ”ecobios” en el  parque Trillo y luchar la calle como lo hacen esos compatriotas día a día, sin auto de turismo refrigerado, ni tarjetas de créditos, ni móvil, ni internet , ni muchas otras cosas.

Me comentó  que  creció y fue a la escuela con muchos amigos “marielitos”  o lo que es lo mismo: los cubanos que en oleadas de decenas de miles llegaron a las costas de la  Florida en el año de 1980, como resultado de los sucesos de la embajada del Perú. Estos,  de alguna manera contribuyeron a salvar su  identidad y al menos,  a mantener una curiosidad latente por conocer el país de sus ancestros.

Nunca había visitado Cuba, ya que sus padres no habían dejado familiares aquí. Se decidió a visitar nuestro país acompañando a su nueva esposa que sí los tiene.

Quedó enamorado de esta tierra y a partir de esa visita ha regresado ocho veces en menos de un año.

He conocido que en Miami tiene una compañía de instalación de sistemas de seguridad y acometidas eléctricas en viviendas y negocios. Tiene cierta holgura económica para disfrutar a sus anchas el  “american way of life”. Es dueño de un yate y  su tiempo libre lo dedica a navegar  y a la pesca. Otro de sus pasatiempos favoritos es la cría de caballos  de raza.

Ya llegamos al punto…

En uno de sus viajes a un pueblo al sur de La Habana, conoció a unos campesinos que se dedican al cuidado de caballos de carrera. A partir de entonces se adentró en un mundo para él irreal y a la vez muy interesante.  Visitó los caballos en los establos y  observó el cuidado que aquellos hombres, apenas sin recursos, les prodigaban.

Como buen americano capitalista,  indagó por los precios de venta de los  ejemplares a su vista, que  por su sangre y  prestancia,  nada tenían que envidiarle a los mejores que él había poseído y había visto en el mundo de la equitación en su país. Quedó perplejo cuando le mencionaron una cifra, para él  irrisoria,  de cuatro dígitos por el mejor. Conocía perfectamente que similares bestias  pueden venderse fuera de Cuba diez  veces por encima de aquel precio.

De inmediato una idea se apoderó de su mente: comprar un caballo en Cuba.

Sus nuevos amigos se animaron en su propósito y lo llevaron a conocer a Kazán, un  enorme animal con una inmensa masa muscular,  joven y saludable.  Su dueño le prodigaba los cuidados de una mascota, y aunque había insinuado en alguna ocasión  la posibilidad de venderlo, aún  estaba dubitativo. No pudo resistirse a la oferta hecha por el americano.  Se despidió del  caballo con lágrimas en los ojos y en días subsiguientes lo visitaba en su nuevo  establo hasta lavar la morriña.

El americano, como un niño con juguete nuevo, se paseó durante algunos días en su caballo. Ambos constituían una instalación monumental. Demostró  su pericia sobre la montura. Tan contento estaba que organizó  una fiesta campesina,  con lechón asado y bebida a todo trapo  para  celebrar el acontecimiento.  Entre la bestia y el jinete se estableció cierta relación de afecto. El noble animal complacía el más mínimo capricho de su jinete y él le remuneraba con caricias. Llegó el momento de regresar a Miami para atender sus negocios y  dado que el animal no podía acompañarlo en el viaje,  quedó al cuidado de sus nuevos amigos como habían acordado previamente.

Empezó entonces un riguroso plan de entrenamiento para participar en carreras de caballos en cuba, similar al que se aplica a los atletas de  campo y pista.  Según los expertos, había que modular aquella tremenda  masa muscular y hacerlo bajar de peso. Obviamente, un plan como ese requiere de recursos  para alimentación especial y medicamentos fortificantes. El dinero no se hizo esperar, también llegaron paquetes de medicamentos y la indumentaria para adornar a Kazán,  la  cual incluía unas herraduras de aluminio duro inexistentes en nuestro mercado.

En pocos meses Kazán había superado las expectativas de sus entrenadores. El americano le hizo varias visitas, y se sentía complacido del progreso alcanzado por su bestia. No obstante,  al desarrollarle ciertas condiciones dormidas en el animal, éste solo permitía ser montado por su nuevo jinete, el que lo entrenaba. Este giro en la relación, de cierta manera lo desanimó.

Los cuidadores continuaron con el plan de entrenamiento para presentarlo al mejor caballo de la región en una carrera en buena lid.

Alguien se preguntará: ¿Y son lícitas las carreras de caballos en Cuba? Yo le respondo: No, no lo son, como no lo son tampoco las de gallos,  perros, autos, camiones etc.

Una de las primeras medidas del gobierno revolucionario desde los primeros años fue prohibir, mediante decreto, los juegos de azar. En las ciudades se cerraron los flamantes casinos de  los mejores hoteles, los juegos de billar en los bares, las apuestas,  el “garrotismo” ,  la “bolita”,  etc. y en  el campo fundamentalmente las peleas de gallo y las carreras de caballos en Cuba.

Estas medidas formaban  parte de la política casi  “pastoral” del gobierno revolucionario para moralizar  a la sociedad cubana y librarla de las  lacras del sistema capitalista decadente entronizadas en el país hasta ese momento.

En virtud de lo anterior, si alguna persona o grupo de personas son sorprendidos en cualquiera de esas actividades,  pueden ser multados y sus bienes confiscados, incluyendo el decomiso de los animales.

Pero Cuba es un país de muchos contrastes,  con un marco legal demasiado estrecho, por lo que sus ciudadanos comúnmente saltan   las talanqueras de esa legalidad sin mucho pudor. Un día eres un criminal y al otro un ciudadano pundonoroso

Independientemente de la persecución que existió años atrás sobre estas actividades,  en el campo nunca se dejó de pelear gallos. Es parte del folclore, y cuando fueron cerradas y luego desmontadas las vayas,  los campesinos tomaron sus gallos finos, los metieron en sus bolsas  de lino  y se fueron a un claro del monte a continuar la tradición, porque  en sus vidas no habían aprendido a hacer otra cosa los domingos por la tarde.

Las peleas de perros son un fenómeno surgido recientemente en las ciudades y no tienen muchos seguidores, quizás por la ferocidad que se desata entre los animales que a veces contagia a los participantes. Se desarrollan comúnmente en ciudadelas, en espacios  cerrados, y están estrechamente ligadas a la marginalidad, las drogas y otros flagelos.

Con las carreras de caballos en Cuba sucedió algo similar.  Quizás años atrás,  debido a la logística que es necesario mover para una carrera, estas se sucedían esporádicamente  y  con mucha más discreción. Hoy en día, en los pueblos de campo, el domingo en la mañana todos están al tanto del caballo que correrá y el lugar donde se efectuará la carrera.

Es un evento que se organiza y pacta con antelación, que incluye la selección y acondicionamiento de un terreno en un lugar apartado, y  al cual asisten  cientos de personas desde lugares distantes: unos a apostar, otros a garantizar la vitualla de los participantes.

En las carreras de caballos en Cuba , es interesante ver cómo se desplazan temprano en la mañana las bestias en sus tráiler, acompañadas  de un séquito de ayudantes, conocedores cada uno de las funciones por las que responde en la carrera. No se  aprecia por ningún lugar el glamour de los grandes eventos de otros países, y estos  se desarrollan con la rusticidad que aconsejan las circunstancias y de manera “underground”

Kazán tuvo su prueba de fuego, le ganó con facilidad su primera carrera oficial al mejor caballo de  la región. Gran alegría para todos los que tuvieron confianza en él y  le apostaron. Desde la cama de un camión, un secretario, a través de un móvil le narraba la carrera al americano, que desde su yate en los cayos de la Florida, seguía emocionado la narración. Probablemente se dio un lamparazo   de vodka Grey Goose  en strike,  al saber que había ganado mil dólares, y no ganó más porque no encontró contrincante, ya que desde el primer momento había insistido en elevar la parada.

Ni siquiera la aplastante victoria  de Kazán y las perspectivas de continuar ganando en próximos eventos lo hicieron desistir de sus propósitos de deshacerse del animal. Ya había perdido su entusiasmo inicial. El juguete ya no le llamaba la atención. En su última visita, Kazán no le permitió montarlo, al acercársele le  lanzó un mordisco y le pisó un pie.

El americano que llevaba en su estructura mental interna venció al  “asere”  que llevaba por  fuera.

4 thoughts on “Carreras de caballos en Cuba

  1. Que buena esta historia como me gusta aunque tiene algunos cambios de la verdad esta bastante correcta, para que sepan en ningun momento he perdido las ganas de ver mi caballo o mis familiares o amigos , los veo pronto en mi campo LA SALUD , mi caballo KAZAN, y a mi hermano EL SECRETARIO Y FAMILIA , LOS QUIERO Y LOS EXTRANO !!!

  2. Esa historia es real y a mi me consta. Porq yo soy el secretario
    Vamos a ver a quien ponemos. Porq yo me siento americano tambien porque estoy en la yuma jajaja. Siganle los pasos a ese escritor que es mi amigo. El va a llegar lejos porque tiene talento. Los quiere digno

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