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¡Bienvenido el Papa!

Este año se cumplieron catorce años de la primera visita realizada por un Papa romano a la Isla de Cuba.

El  Papa Juan Pablo II, haciendo caso omiso a ojerizas y críticas veladas de algunos gobiernos, grupos de poder y organizaciones abiertamente contrarias al sistema político que lleva a cabo la Revolución cubana, se aventuró a visitar la Isla en enero de 1998.

Recordando aquellos días, me viene a la memoria las masivas movilizaciones espontáneas de la población cubana, tanto en los recibimientos a lo largo de su recorrido, como en las misas organizadas en distintas ciudades del país. Para todos los cubanos la presencia del Papa fue un acontecimiento extraordinario. Llegaba a Cuba en el momento más oportuno. El país había tocado fondo en la peor crisis económica y social de su historia y hacía intentos por levantarse lentamente y reorientar sus energías en busca de nuevos derroteros. En tal empeño precisaba también de un mensaje de fe, esperanza y reconciliación. El pueblo lo esperó como si se tratara de una estrella famosa de cine o de música pop.

Por otra parte, tratándose de Juan pablo II y de una visita tan sugestiva, las más importantes cadenas de radio y televisión norteamericanas viajaron a La Habana para reportar el acontecimiento. Precisamente, a mitad de la visita se destapó en los Estados Unidos  el “affaire” del presidente norteamericano William Clinton con Moniquita, la becaria de la Casa Blanca, lo que se convirtió si no en el más famoso, al menos en el fellatiomás publicitado de la historia.

Ante tal follón, los presentadores  y corresponsales estrellas  de la televisión americana, reclamados por el oficio, recogieron equipos a la carrera y abandonaron el país atropelladamente para no perderse el “Mónicagate”. Así y todo, la visita no perdió en un ápice la brillantez que emanaba de la figura cautivadora del Santo Padre.

Se pudo apreciar que ambas partes -la Iglesia y el Gobierno-  obtuvieron sus propios dividendos. La Iglesia hizo valer su autoridad religiosa a través del magnetismo y carisma inigualable de su figura más importante.

El Gobierno Cubano por su parte,  logró que el Papa se pronunciara abiertamente en contra del bloqueo/embargo, que a la sazón llevaba más de treinta y cinco años desde su rígida implantación por parte del Gobierno de los Estados Unidos y que es considerado por la inmensa mayoría de la población cubanacomo una medida injusta y retrógrada que frena cualquier intento de despegue económico por parte de la Isla.

El Papa en sus homilías hizo planteamientos tales como: “No tengáis miedo…”; “Que Cuba se abra al mundo y que el mundo se abra a Cuba”, los cuales se convirtieron en consignas para muchos.

Desde el punto de vista pastoral fue  una fiesta de la espiritualidad. Sirvió en fin para sentar nuevas bases en las relaciones entre Iglesia y Estado.

 A partir de aquella  visitala Iglesia Católica desató una actividad febril de acercamiento a las instituciones  gubernamentales, logrando pacientementeno se obstaculizara el renacimiento de la fe de la religión católica. El Gobierno volvió a reconocer por decreto el 25 de diciembre como feriado de Navidad. También se permitió a partir de entonces la organización de procesiones fueras de los templos en fechas conmemorativas religiosas, y en ocasiones especiales el acceso del Cardenal a los creyentes a través de los medios. En fin que la Iglesia ha ido ganando las parcelas de influencia que había perdido desde los aciagos días de enfrentamientos sostenidos con la Revolución triunfante.

A partir del día 26 del presente mes de marzo, y hasta el 28, el Papa Benedicto XVI hará una breve visita a Cuba. La misma viene antecedida del jubileo por el cuatrocientos aniversario del avistamiento en aguas de la Bahía de Nipe, al norte de Cuba, de la imagen de una virgen por unos humildes pescadores, la cual a partir de su milagrosa aparición se convirtió en la Virgen de la Caridad del Cobre, considerada una virgen mariana y como tal la Patrona de Cuba.

El acontecimiento comenzó a celebrarse un año atrás con la peregrinación de su imagen por todo el país, estupendamente organizada por la Iglesia. En el año transcurrido se han vivido jornadas inolvidables –para muchos impensadas-  de sincera e indescriptible devoción, protagonizadas por  grandes multitudes de cubanos a lo largo del extenso recorrido.

Precisamente, la llegada del Papa el día 26 de marzo, y la misa que se celebrará ese mismo día en la Plaza Antonio Maceo de Santiago de Cuba,  coinciden felizmente con la fecha de culminación del jubileo.

Su Santidad Benedicto XVI no goza del carisma y del magnetismo de encantador de serpientes de su predecesor Juan Pablo II. He conocido que en el intercambio con las masas populares es tímido y retraído, y más que disfrutar el encuentro, lo sufre como una penitencia. Es un hombre de biblioteca, un académico considerado uno de los Pontífices más inteligentes y cultos que ha dirigido la Iglesia Católica.

Según lo informado, su visita más que todo tiene un objetivo pastoral. Luego de la misa del día 26 ante la imagen de la Virgen de la Caridad del Cobre, Su Santidadse trasladará al Santuario del Cobre, lugar donde pernoctará. Al siguiente día visitará el Santuario y seguidamente viajará a la capital, donde sostendrá conversaciones con las autoridades  cubanas.

La visita culmina el día 28 con la celebración de una misa en la Plaza de la Revolución José Martí, para lo cual se trabaja febrilmente desde hace algunas semanas en la construcción de la capilla.

Al contario de la  misa efectuada en el mismo lugar por Su Santidad Juan Pablo II, para cuya realización la capilla se construyó a un costado de la plaza, en esta ocasión la instalación se levanta exactamente debajo de la tribuna oficial , justo delante de la estatua del apóstol de Cuba, José Martí, y lugar desde el cual el máximo líder de la Revolución Fidel Castrodirigió la palabra a multitudes exaltadas de cubanos durante muchos años.

La construcción de la capilla en lugar tan exclusivo, no ha dejado de llamar la atención a muchas personas, y los entendidos sobre el tema le confieren varias lecturas. Unos consideran que es una muestra de la seriedad y de las garantías con que se mueven las relaciones entre el Estado y la Iglesia. Otros entienden la decisión como un justo reconocimiento de la influencia cada vez más creciente de la religión católica en la sociedad cubana.

Ya hubo ocasión de comprobar en la práctica la seriedad conque la nueva dirección política del país  asume sus relaciones con la Iglesia Católica, al menos con su jerarquía en Cuba. En los dos últimos años, a raíz de poner en práctica la decisión de indultar a un nutrido grupo de presos que purgaban largas condenas por delitos en contra de la seguridad del Estado cubano, la dirección política del país acudió a la jerarquía católica como interlocutor válido en las negociaciones.

Su Santidad Benedicto XVI tendrá la gran oportunidad de afianzar las relaciones con las autoridades cubanas en un terreno previamente roturado  y fertilizadopor la histórica visita de su antecesor y además, por el trabajo paciente y sostenido de sus representantes en el territorio. 

Esperemos que la estancia del Papa de Roma en Cuba, en un prematuro verano caribeño, coadyuve a continuar afianzando la fe y la esperanza de todos los cubanos; que sirva para unificar sus ideas, principios  y anhelos en cualquier parte del planeta en que se encuentren a la vez que se hagan valederos en su voz los fundamentos sagrados de nuestra soberanía.

 

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