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Los almendrones siguen de moda

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Cuba sigue de moda. Con el inicio del deshielo en la relaciones con su vecino más cercano, los Estados Unidos, se desarrollan dinámicas inimaginables apenas tres años atrás; pero lo que más llama la atención es el aumento de la presencia de gringos en las calles de la Habana.

El ministro de Turismo declaró recientemente que más de noventa mil americanos han visitado Cuba en lo que va de año. Tener turistas americanos en las calles de la ciudad es lo que más desean todos los que, directa o indirectamente, viven del turismo. Es proverbial lo “manirroto” que son y la aparente ingenuidad infantil de “quiero saberlo todo” de los turistas gringos. Se les ve caminar bajo el tórrido sol caribeño, observando y palpando el ruinoso entorno urbano.




Pero donde en realidad se llenan de euforia y alegría infantil, como si asistieran a Disney en Orlando, es cuando se sientan en un “almendrón”, coche americano de la década de los cincuentas del pasado siglo que es el taxi preferido para pasear la ciudad.

Desde el propio Secretario de Estado de Estados Unidos, que pidió estacionaran tres autos americanos a modo de escenografía en el malecón el día del izamiento de la bandera en la embajada de los Estados Unidos, y continuando con las estrellas del espectáculo norteamericano, y más reciente, con la película Rápido y Furioso, filmada en parte en la ciudad y el desfile por la pasarela de Chanel en el Paseo del Prado, los “almendrones” reciclados han sido protagonistas importantes del espectáculo.

Hubo quienes le auguraron vida corta a los “almendrones”, surgidos como una necesidad de transporte urbano en los años de la profunda crisis económica de los noventa. Yo me cuento entre ellos (ver estampa al respecto en esta misma página). Pero es que los propios cubanos a veces nos subestimamos y olvidamos que Cuba es un país de diversos contrastes; que vive alejado del mundo del consumo, donde todo se usa y se echa a la basura.

Aquí todo, hasta las personas, tiene una segunda vida. Muchos de aquellos coches que salieron a la palestra a como diera lugar, contaminado el ambiente con su humareda negra, y poniendo en peligro la vida de sus ocupantes, hoy son relucientes autos –antique- con sus cromos nuevos, sus colores y tapicería originales, y con el obligatorio toque de diseño cubano que los convierte en descapotables para que los turistas puedan disfrutar de una vista panorámica de la ciudad.

Nada, que he cambiado de opinión y pienso que si mañana se levantara el embargo y comenzara la entrada de autos nuevos desde la Florida, aún tendríamos “almendrones” para rato disputándose el asfalto a los flamantes Chevi o Toyota Corolla.

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